martes, 12 de abril de 2016

Hampton Court

Dicen que la vida está para cumplir  sueños o por lo menos, intentar cumplirlos. La verdad es que no puedo quejarme para nada de los que voy consiguiendo porque son sobre mi pasión en esta vida: viajar y quizás no puedo viajar tanto como me gustaría, pero no puedo quejarme para nada de los que hago al cabo de cada año. Otro de los muchos lugares en mi laaaaaaarga lista de destinos a descubrir era sin duda alguna Hampton Court, la residencia de uno de los reyes que más me ha fascinado desde hace años, Enrique VIII, y en 2015 en nuestro viaje a Londres, fue otro de los lugares que por fin conocí.





En media hora de viaje en tren desde Londres llegábamos a este majestuoso palacio. Teníamos acceso al lugar directamente a través de la London Pass que habíamos adquirido previamente para ahorrarnos unas cuantas libras de todo lo que queríamos ver en la ciudad británica (va incluída la audio-guía  en el palacio). Originalmente fue construido para el cardenal Thomas Wolsey, que de muy buen grado se lo regaló a Enrique VIII y éste estableció su corte en él. Ésto es lo que nos cuenta una escena de la serie "Los Tudor" que se da lugar dentro de un carruaje como símbolo de amistad entre ambos personajes. La realidad fue muy distinta: el palacio pasó a manos del rey cuando el cardenal perdió el favor de éste. La residencia fue construida en 1515 y como nosotras fuimos el pasado año pudimos disfrutar de la celebración del 500 aniversario de tan majestuoso lugar. Lo cierto es que los ingleses saben hacerte sentir que formas parte del palacio: para empezar nos dieron la opción de lucir una capa. Mi amiga Ani y yo no dudamos ni un momento en ponernos una cada una, aunque más bien a mí me hacía sentir como una estudiante de Hogwarts. O también había  actores dando vida a distintos personajes históricos que allí vivieron como fue el ya nombrado Enrique VIII o Ana Bolena y representaban escenas de hechos que allí tuvieron lugar.




La capilla
El palacio es enorme. Y tiene otra parte claramente diferenciada de estilo barroco, aunque me quedo sin duda alguna con las estancias medievales de Enrique VIII y la impresionante capilla donde se casó con Catalina Howard. También es impresionante la colección de cuadros donde observamos pinturas de Tiziano, Hans Holbein o el famoso cuadro Los triunfos de César de Andrea Mantegna.

Por desgracia, como os decía antes a fina­les del siglo XVII, parte del pala­cio de la época Tudor fue demo­lido a peti­ción de la nueva pareja real, Gui­llermo III y María II. Dise­ñado por Sir Chris­top­her Wren (el mismo que se encargó de la cate­dral de St. Paul), se cons­truyó una nueva ala de estilo barroco en la parte sur y este de Ham­pton Court para alber­gar a los apo­sen­tos reales. Gracias a Dios se les acabó el dinero y no pudieron reformarlo en su totalidad y muchas de las estancias por las que paseaba Enrique VIII han llegado hasta nuestros días tal cual eran.



El pala­cio de Ham­pton Court es con­si­de­rado por los exper­tos como el edi­fi­cio estilo Tudor mejor con­ser­vado de todo Lon­dres.

Como datos curioso,  Sha­kes­peare dio en Ham­pton Court su pri­mera repre­sen­ta­ción tea­tral ante el rey Jaime I en el año 1604; y al tér­mino de la Gue­rra Civil Bri­tá­nica, Oli­ver Crom­well quedó tan impre­sio­nado con el edi­fi­cio que hasta aquí se mudó.

Y como no podía ser de otra forma, este palacio también tiene un fantasma: la quinta esposa de Enrique VIII, Catalina Howard, que fue condenada a morir. Se dice de ella que aún se puede escuchar sus gritos por los pasillos del palacio. Nosotras pasamos por el pasillo por el que ella intentó desesperada llegar hasta el rey para que la perdonara y nunca lo consiguió. Es uno de esos lugares que te marcan, en ese pasillo, curiosamente también se accedía a la capilla donde ambos contrajeron matrimonio.


En la visita al palacio no podía faltar ver los jardines por donde tantos personajes históricos pasearon. No resultaba difícil imaginarlos perdidos en sus pensamientos, disfrutando de la belleza que ofrecen, o intentando olvidar sus penas o incluso conspirando. También aprovechamos para subir en algunas de las carrozas que allí tienen.

Y ya de camino de vuelta a la estación del tren, vimos parte del pueblo, con ese encanto especial tan propio de los ingleses.

¿Qué puedo decir que no haya dicho ya? Si os apasionan los Tudor, tenéis una cita obligatoria con este palacio, merece muchísimo la pena. Yo nunca olvidaré esta experiencia tan bonita e impactante por ser una fanática de los Tudor.



En breve, pondremos rumbo a la fascinante ciudad de Londres, de la que os contaré mi experiencia que ya os adelanto que fue maravillosa.




1 comentario:

  1. ¡Hola!

    No sé mucho acerca del reinado de Enrique VIII ni he visto la serie Los Tudor, aún así, el palacio que nos muestras se ve precioso en las fotos que has incluido y, sin duda, me encantaría visitarlo. Cuando descubro cualquier castillo, alcázar o palacio siento la necesidad de visitarlo jejeje Gracias por describirnos la historia de este palacio con tanto detalle.

    Un beso.

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