lunes, 26 de enero de 2015

Fábulas de Esopo

Hola gente linda! Comenzamos la última semana de Enero (ya? si ayer nos comíamos las uvas... pues sí, ya se nos acaba el mes) y para empezar la semana con fuerza, he decidido hacerlo con una nueva entrada de fábulas del gran Esopo, para reflexionar un poquito y para que comprobéis que a pesar del paso del tiempo, hay cosas (y personas) que nunca cambiarán.

*** Muy feliz semana cargada de sueños cumplidos ***


El Gato y el ratón viejo

Eran muchos los ratones que cazaba cierto gato: pero al fin más advertidos aquellos, determinaron no bajar de los sitios altos y estarse siempre donde no pudiese alcanzarles su incansable enemigo.
No desmayó por esto el gato, sino que, fingiéndose muerto, se colgó por los pies de un madero que había en la pared.
–    Es inútil que te hagas el mortecino –le dijo un ratón asomándose en su agujero-

 porque conozco tus mañas y no pienso moverme de aquí.

El varón prudente podrá ser engañado una sola vez porque luego no confiará más en falsas palabras.

 La zorra y el gato

Se alababa una zorra hablando con un gato, de que sabía mil medios distintos para preservar su vida, a lo cual contestaba el gato que no era tan sabio, pues sólo confiaba en su ligereza en trepar para salir de cualquier apuro.
Aparecen en esto los perros, y el gato logró escaparse encaramándose a un árbol, pero la zorra, no pudiendo hacer lo mismo, cayó en poder de sus enemigos.
Vale más saber una sola cosa que sea útil, que muchas que no sirven.

La gata convertida en mujer

Tanto quería a una gata muy bella cierto joven, que pidió a Venus la convirtiese en mujer, y accediendo la diosa la transformó en una hermosa y elegante doncella.
Casóse con ella el mancebo, y queriendo Venus probar si habiendo cambiado su forma se habían cambiado también, como era de suponer, sus costumbres, hizo que apareciese un ratón delante de la novia, que tan pronto como lo vio en medio de la sala, se olvidó de su nueva figura y se lanzó detrás de él para cogerle. Indignada, la diosa volvió a la transformada gata a su forma primitiva.
Aunque se mude de condición y de estado, siempre se conservan las costumbres primitivas.

 El gato y los ratones (el ratón viejo)

Enterado un gato (Marramaquiz- Samaniego)de que en cierta casa vecina abundaban los ratones, encaminose a ella y en varias veces se engulló cuantos quiso. Los afligidos al ver que cada día faltaban algunos amigos, se dijeron en ratonil confianza:
–  Puesto que todos vamos a perecer, cuerdo será quedarse cada uno en su escondrijo, que el gato, por salatarín que sea, no podrá llegar entonces hasta nosotros.
Hiciéronlo así; pero el hambre, que es fecunda en recursos, sugirió al gato de atraérselos nuevamente, para lo cual, colgándose de un palo, fingióse muerto. Los ratoncillos más jóvenes comenzaron a sacar la cabeza, y aun a exponerse a salir, hasta que un ratón viejo (Roepan- Samaniego), que con astucia miraba al gato, exclamó:


–   Muerto está, compañeros, pero por lo mismo que está muerto, quedémonos todavía aquí para no turbar el esposo de los difuntos.
Hay quien asegura que al gato se le bajó la sangre a la cabeza y se murió de veras.
El varón prudente evitará ser engañado con astucias y dobleces.
La experiencia y la prudencia indican que la desconfianza es la madre de la seguridad.

El águila, la gata y la jabalina

Una añosa y copuda encina daba cómodo albergue a un águila en su copa, a una gata  en mitad de su tronco y a una jabalina y sus lechones en el hueco de su raíz. Pacíficamente vivían las tres familias al abrigo del árbol, hasta  una mañana en que la gata, pérfida y astuta, subió hasta la copa y habló así al águila.
–  En gran peligro estás, querida amiga. La jabalina no cesa de hozar en los terrenos que nos cercan, y presumo que se propone derribar nuestro árbol, para después comerse nuestros hijos cuando los halle en tierra. ¡ Hay que vivir vigilantes!



Y mientras el águila quedaba suspensa con semejante revelación, la jabalina escuchaba de la gata enredosa el siguiente chisme:
–    He hablado con el águila – le dijo -, y de sus palabras deduzco que acecha un momento en que te marches, para bajar y arrebatarte tus lechones. ¡Debes vivir con cautela!
Aguila y Jabalina resolvieron, en vista de las circunstancias, no abandonar ni un solo instante sus casas respectivas. Y como no salían a buscar víveres, el terror maternal les costó la vida. Cuando murieron, la gata y sus hijos se deleitaron con los despojos de aquellos que dieron oídos  a cuentos de vencidad.

Las gentes que se dejan arrastrar a las disputas de los chismosos y demagogos son víctimas sin quererlo de su perversidad.

3 comentarios:

  1. Hola princesa, qué bonita entrada y qué buenos recuerdos nos traes; estas fábulas me acompañaron durante mi infancia y me siguen maravillando.

    Un besazo, y que tengas un hermoso inicio de semana.

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  2. La única que conocia era la de La zorra y el gato, que me tocó traducirla para un trabajo de griego, pero la verdad es que son unas moralejas muy acertadas, de vez en cuando deberíamos seguir estos consejos, un besazoo
    Lena

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  3. O Dios Mío *u* a mí me encantan las novelas de Esopo, te dejan sin palabras con esas pequeñas historias que pasan en la vida diaria.
    Mi favorita fue la de la gata mujer :)
    No sé son tantos que me gustan que difícilmente me acuerdo de todos ellos jajaj.
    SALUDOS!!!

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