martes, 15 de enero de 2013

"Basilisa, la bella", la Cenicienta Rusa

Retomando las versiones de "La Cenicienta" en el mundo, hoy os enseño el cuento completo de la versión rusa llamada "Basilisa, la bella" o también conocida como "Baba Yaga y Basilisa, la valiente". A ver que os parece:

"En un reino vivía una vez un comerciante con su mujer y su única hija, llamada Basilisa la Hermosa. Al cumplir la niña los ocho años se puso enferma su madre, y presintiendo su próxima muerte llamó a Basilisa, le dio una muñeca y le dijo:

—Escúchame, hijita mía, y acuérdate bien de mis últimas palabras. Yo me muero y con mi bendición te dejo esta muñeca; guárdala siempre con cuidado, sin mostrarla a nadie, y cuando te suceda alguna desdicha, pídele consejo.

Después de haber dicho estas palabras, la madre besó a su hija, suspiró y se murió.

El comerciante, al quedarse viudo, se entristeció mucho; pero pasó tiempo, se fue consolando y decidió volver a casarse. Era un hombre bueno y muchas mujeres lo deseaban por marido; pero entre todas eligió una viuda que tenía dos hijas de la edad de Basilisa y que en toda la comarca tenía fama de ser buena madre y ama de casa ejemplar.

El comerciante se casó con ella, pero pronto comprendió que se había equivocado, pues no encontró la buena madre que para su hija deseaba. Basilisa era la joven más hermosa de la aldea; la madrastra y sus hijas, envidiosas de su belleza, la mortificaban continuamente y le imponían toda clase de trabajos para ajar su hermosura a fuerza de cansancio y para que el aire y el sol quemaran su cutis delicado. Basilisa soportaba todo con resignación y cada día crecía su hermosura, mientras que las hijas de la madrastra, a pesar de estar siempre ociosas, se afeaban por la envidia que tenían a su hermana. La causa de esto no era ni más ni menos que la buena Muñeca, sin la ayuda de la cual Basilisa nunca hubiera podido cumplir con todas sus obligaciones. La Muñeca la consolaba en sus desdichas, dándole buenos consejos y trabajando con ella.

Así pasaron algunos años y las muchachas llegaron a la edad de casarse. Todos los jóvenes de la ciudad solicitaban casarse con Basilisa, sin hacer caso alguno de las hijas de la madrastra. Ésta, cada vez más enfadada, contestaba a todos:
—No casaré a la menor antes de que se casen las mayores.

Y después de haber despedido a los pretendientes, se vengaba de la pobre Basilisa con golpes e injurias. Un día el comerciante tuvo necesidad de hacer un viaje y se marchó. Mientras, la madrastra se mudó a una casa que se hallaba cerca de un espeso bosque en el que, según decía la gente, aunque nadie lo había visto, vivía la terrible bruja Baba Yaga; nadie osaba acercarse a aquellos lugares, porque Baba Yaga se comía a los hombres como si fueran pollos.

Después de instaladas en el nuevo alojamiento, la madrastra, con diferentes pretextos, enviaba a Basilisa al bosque con frecuencia; pero a pesar de todas sus astucias la joven volvía siempre a casa, guiada por la Muñeca, que no permitía que Basilisa se acercase a la cabaña de la temible bruja.

Llegó el otoño, y un día la madrastra dio a cada una de las tres muchachas una labor: a una le ordenó que hiciese encaje; a otra, que hiciese medias, y a Basilisa le mandó hilar, obligándolas a presentarle cada día una cierta cantidad de trabajo hecho. Apagó todas las luces de la casa, excepto una vela que dejó encendida en la habitación donde trabajaban sus hijas, y se acostó. Poco a poco, mientras las muchachas estaban trabajando, se formó en la vela un pabilo, y una de las hijas de la madrastra, con el pretexto de cortarlo, apagó la luz con las tijeras.
—¿Qué haremos ahora? —dijeron las jóvenes—. No había más luz que ésta en toda la casa y nuestras labores no están aún terminadas. ¡Habrá que ir en busca de luz a la cabaña de Baba Yaga !

—Yo tengo luz de mis alfileres —dijo la que hacía el encaje—. No iré yo.

—Tampoco iré yo —añadió la que hacía las medias—. Tengo luz de mis agujas.

—¡Tienes que ir tú en busca de luz! —exclamaron ambas—. ¡Anda! ¡Ve a casa de Baba Yaga !

Y al decir esto echaron a Basilisa de la habitación. Basilisa se dirigió sin luz a su cuarto, puso la cena delante de la Muñeca y le dijo:
—Come, Muñeca mía, y escucha mi desdicha. Me mandan a buscar luz a la cabaña de Baba Yaga y ésta me comerá. ¡Pobre de mí!

—No tengas miedo —le contestó la Muñeca—; ve donde te manden, pero no te olvides de llevarme contigo; ya sabes que no te abandonaré en ninguna ocasión.

Basilisa se metió la Muñeca en el bolsillo, se persignó y se fue al bosque. La pobrecita iba temblando, cuando de repente pasó rápidamente por delante de ella un jinete blanco como la nieve, vestido de blanco, montado en un caballo blanco y con un arnés blanco; en seguida empezó a amanecer. Siguió su camino y vio pasar otro jinete rojo, vestido de rojo y montado en un corcel rojo, y en seguida empezó a levantarse el sol. Durante todo el día y toda la noche anduvo Basilisa, y sólo al atardecer del día siguiente llegó al claro donde se hallaba la cabaña de Baba Yaga; la cerca que la rodeaba estaba hecha de huesos humanos rematados por calaveras; las puertas eran piernas humanas; los cerrojos, manos, y la cerradura, una boca con dientes. Basilisa se llenó de espanto. De pronto apareció un jinete todo negro, vestido de negro y montando un caballo negro, que al aproximarse a las puertas de la cabaña de Baba Yaga desapareció como si se lo hubiese tragado la tierra; en seguida se hizo de noche.

No duró mucho la oscuridad: de las cuencas de los ojos de todas las calaveras salió una luz que alumbró el claro del bosque como si fuese de día. Basilisa temblaba de miedo y no sabiendo dónde esconderse, permanecía quieta. De pronto, se oyó un tremendo alboroto: los árboles crujían, las hojas secas estallaban y la espantosa bruja Baba yaga apareció saliendo del bosque, sentada en su mortero, arreando con el mazo y barriendo sus huellas con la escoba. Se acercó a la puerta, se paró, y husmeando el aire, gritó:
—¡Huele a carne humana! ¿Quién está ahí?

Basilisa se acercó a la vieja, la saludó con mucho respeto y le dijo:

—Soy yo, abuelita; las hijas de mi madrastra me han mandado que venga a pedirte luz.

—Bueno —contestó la bruja—, las conozco bien; quédate en mi casa y si me sirves a mi gusto te daré la luz.

Luego, dirigiéndose a las puertas, exclamó:
—¡Ea!, mis fuertes cerrojos, ¡ábranse! ¡Ea!, mis anchas puertas, ¡déjenme pasar!

Las puertas se abrieron; Baba Yaga entró silbando, acompañada de Basilisa, y las puertas se volvieron a cerrar solas. Una vez dentro de la cabaña, la bruja se echó en un banco y dijo:
—¡Quiero cenar! ¡Sirve toda la comida que está en el horno!

Basilisa encendió una tea acercándola a una calavera, y se puso a sacar la comida del horno y a servírsela a Baba Yaga; la comida era tan abundante que habría podido satisfacer el hambre de diez hombres; después trajo de la bodega vinos, cerveza, aguardiente y otras bebidas. Todo se lo comió y se lo bebió la bruja, y a Basilisa le dejó tan sólo un poquitín de sopa de coles y una cortecita de pan.

Se preparó para acostarse y dijo a la nueva doncella:
—Mañana tempranito, después que me marche, tienes que barrer el patio, limpiar la cabaña, preparar la comida y lavar la ropa; luego tomarás del granero un celemín de trigo y lo expurgarás del maíz que tiene mezclado. Procura hacerlo todo, porque si no te comeré a ti.

Después de esto, Baba Yaga se puso a roncar, mientras que Basilisa, poniendo ante la Muñeca las sobras de la comida y vertiendo amargas lágrimas, dijo:

—Toma, Muñeca mía, come y escúchame. ¡Qué desgraciada soy! La bruja me ha encargado que haga un trabajo para el que harían falta cuatro personas y me amenazó con comerme si no lo hago todo.

La Muñeca contestó:

—No temas nada, Basilisa; come, y después de rezar, acuéstate; mañana arreglaremos todo.


Al día siguiente se despertó Basilisa muy tempranito, miró por la ventana y vio que se apagaban ya los ojos de las calaveras. Vio pasar y desaparecer al jinete blanco, y en seguida amaneció. Baba yaga salió al patio, silbó, y ante ella apareció el mortero con el mazo y la escoba. Pasó a todo galope el jinete rojo, e inmediatamente salió el sol. La bruja se sentó en el mortero y salió del patio arreando con el mazo y barriendo con la escoba.

Basilisa se quedó sola, recorrió la cabaña, se admiró al ver las riquezas que allí había y se quedó indecisa sin saber por cuál trabajo empezar. Miró a su alrededor y vio que de pronto todo el trabajo aparecía hecho; la Muñeca estaba separando los últimos granos de trigo de los de maíz.

—¡Oh mi salvadora! —exclamó Basilisa—. Me has librado de ser comida por Baba Yaga.

—No te queda más que preparar la comida —le contestó la Muñeca al mismo tiempo que se metía en el bolsillo de Basilisa—. Prepárala y descansa luego de tu labor.

Al anochecer, Basilisa puso la mesa, esperando la llegada de Baba Yaga. Ya anochecía cuando pasó rápidamente el jinete negro, e inmediatamente oscureció por completo; sólo lucieron los ojos de las calaveras. Luego crujieron los árboles, estallaron las hojas y apareció Baba yaga , que fue recibida por Basilisa.

—¿Está todo hecho? —preguntó la bruja.

—Examínalo todo tú misma, abuelita.

Baba Yaga recorrió toda la casa y se puso de mal humor por no encontrar un solo motivo para regañar a Basilisa.

—Bien —dijo al fin, y se sentó a la mesa; luego exclamó—: ¡Mis fieles servidores, vengan a moler mi trigo!

En seguida se presentaron tres pares de manos, cogieron el trigo y desaparecieron. Baba Yaga, después de comer hasta saciarse, se acostó y ordenó a Basilisa:

—Mañana harás lo mismo que hoy, y además tomarás del granero un montón de semillas de adormidera y las escogerás una a una para separar los granos de tierra.

Y dada esta orden se volvió del otro lado y se puso a roncar, mientras Basilisa pedía consejo a la Muñeca. Ésta repitió la misma contestación de la víspera:

—Acuéstate tranquila después de haber rezado. Por la mañana se es más sabio que por la noche; ya veremos cómo lo hacemos todo.

Por la mañana la bruja se marchó otra vez, y la muchacha, ayudada por su Muñeca, cumplió todas sus obligaciones. Al anochecer volvió Baba Yaga a casa, visitó todo y exclamó:
—¡Mis fieles servidores, mis queridos amigos, vengan a prensar mi simiente de adormidera!

Se presentaron los tres pares de manos, cogieron las semillas de adormidera y se las llevaron. La bruja se sentó a la mesa y se puso a cenar.

—¿Por qué no me cuentas algo? —preguntó a Basilisa, que estaba silenciosa—. ¿Eres muda?

—Si me lo permites, te preguntaré una cosa.

—Pregunta; pero ten en cuenta que no todas las preguntas redundan en bien del que las hace. Cuanto más sabio se es, se es más viejo.

—Quiero preguntarte, abuelita, lo que he visto mientras caminaba por el bosque. Me adelantó un jinete todo blanco, vestido de blanco y montado sobre un caballo blanco. ¿Quién era?

—Es mi Día Claro —contestó la bruja.

—Más allá me alcanzó otro jinete todo rojo, vestido de rojo y montando un corcel rojo. ¿Quién era éste?

—Es mi Sol Radiante.

—¿Y el jinete negro que me encontré ya junto a tu puerta?

—Es mi Noche Oscura.

Basilisa se acordó de los tres pares de manos, pero no quiso preguntar más y se calló.

—¿Por qué no preguntas más? —dijo Baba Yaga

—Esto me basta; me has recordado tú misma, abuelita, que cuanto más sepa seré más vieja.

—Bien —repuso la bruja—; bien haces en preguntar sólo lo que has visto fuera de la cabaña y no en la cabaña misma, pues no me gusta que los demás se enteren de mis asuntos. Y ahora te preguntaré yo también. ¿Cómo consigues cumplir con todas las obligaciones que te impongo?

—La bendición de mi madre me ayuda —contestó la joven.

—¡Oh lo que has dicho! ¡Vete en seguida, hija bendita! ¡No necesito almas benditas en mi casa! ¡Fuera!

Y expulsó a Basilisa de la cabaña, la empujó también fuera del patio; luego, tomando de la cerca una calavera con los ojos encendidos, la clavó en la punta de un palo, se la dio a Basilisa y le dijo:

—He aquí la luz para las hijas de tu madrastra; tómala y llévatela a casa.

La muchacha echó a correr alumbrando su camino con la calavera, que se apagó ella sola al amanecer; al fin, a la caída de la tarde del día siguiente llegó a su casa. Se acercó a la puerta y tuvo intención de tirar la calavera pensando que ya no necesitarían luz en casa; pero oyó una voz sorda que salía de aquella boca sin dientes, que decía: «No me tires, llévame contigo.» Miró entonces a la casa de su madrastra, y no viendo brillar luz en ninguna ventana, decidió llevar la calavera consigo.

La acogieron con cariño y le contaron que desde el momento en que se había marchado no tenían luz, no habían podido encender el fuego y las luces que traían de las casas de los vecinos se apagaban apenas entraban en casa.

—Acaso la luz que has traído no se apague —dijo la madrastra.

Trajeron la calavera a la habitación y sus ojos se clavaron en la madrastra y sus dos hijas, quemándolas sin piedad. Intentaban esconderse, pero los ojos ardientes las perseguían por todas partes; al amanecer estaban ya las tres completamente abrasadas; sólo Basilisa permaneció intacta.

Por la mañana la joven enterró la calavera en el bosque, cerró la casa con llave, se dirigió a la ciudad, pidió alojamiento en casa de una pobre anciana y se instaló allí esperando que volviese su padre. Un día dijo Basilisa a la anciana:

—Me aburro sin trabajo, abuelita. Cómprame del mejor lino e hilaré, para matar el tiempo.

La anciana compró el lino y la muchacha se puso a hilar. El trabajo avanzaba con rapidez y el hilo salía igualito y finito como un cabello. Pronto tuvo un gran montón, suficiente para ponerse a tejer; pero era imposible encontrar un peine tan fino que sirviese para tejer el hilo de Basilisa y nadie se comprometía a hacerlo. La muchacha pidió ayuda a su Muñeca, y ésta en una sola noche le preparó un buen telar.

A fines del invierno el lienzo estaba ya tejido y era tan fino que se hubiera podido enhebrar en una aguja. En la primavera lo blanquearon, y entonces dijo Basilisa a la anciana:

—Vende el lienzo, abuelita, y guárdate el dinero.

La anciana miró la tela y exclamó:

—No, hijita; ese lienzo, salvo el zar, no puede llevarlo nadie. Lo enseñaré en palacio.

Se dirigió a la residencia del zar y se puso a pasear por delante de las ventanas de palacio. El zar la vio y le preguntó:

—¿Qué quieres, viejecita?

—Majestad —contestó ésta—, he traído conmigo una mercancía preciosa que no quiero mostrar a nadie más que a ti.

El zar ordenó que la hiciesen entrar, y al ver el lienzo se quedó admirado.

—¿Qué quieres por él? —preguntó.

—No tiene precio, padre y señor; te lo he traído como regalo.

El zar le dio las gracias y la colmó de regalos. Empezaron a cortar el lienzo para hacerle al zar unas camisas; cortaron la tela, pero no pudieron encontrar lencera que se encargase de coserlas. La buscaron largo tiempo, y al fin el zar llamó a la anciana y le dijo:

—Ya que has sabido hilar y tejer un lienzo tan fino, por fuerza tienes que saber coserme las camisas.

—No soy yo, majestad, quien ha hilado y tejido esta tela; es labor de una hermosa joven que vive conmigo.

—Bien; pues que me cosa ella las camisas.

Volvió la anciana a su casa y contó a Basilisa lo sucedido y ésta repuso:

—Ya sabía yo que me llamarían para hacer este trabajo.

Se encerró en su habitación y se puso a trabajar. Cosió sin descanso y pronto tuvo hecha una docena de camisas. La anciana las llevó a palacio, y mientras tanto Basilisa se lavó, se peinó, se vistió y se sentó a la ventana esperando lo que sucediera. Al poco rato vio entrar en la casa a un lacayo del zar, que dirigiéndose a la joven dijo:

—Su Majestad el zar quiere ver a la hábil lencera que le ha cosido las camisas, para recompensarla según merece.

Basilisa la Hermosa se encaminó a palacio y se presentó al zar. Apenas éste la vio se enamoró perdidamente de ella.


—Hermosa joven —le dijo—, no me separaré de ti, porque serás mi esposa.


Entonces tomó a Basilisa la Hermosa de la mano, la sentó a su lado y aquel mismo día celebraron la boda.
Cuando volvió el padre de Basilisa tuvo una gran alegría al conocer la suerte de su hija y se fue a vivir con ella. En cuanto a la anciana, la joven zarina la acogió también en su palacio y a la Muñeca la guardó consigo hasta los últimos días de su vida, que fue toda ella muy feliz.

FIN

21 comentarios:

  1. Me ha encantado esta versión de la Cenicienta. Y que buena muñeca. A pesar de haber perdido a su madre a una edad temprana, esta la seguía acompañando y ayudando a través de la muñeca.
    Me a parecido bastante curioso lo de los jinetes Blanco, Rojo y Negro.
    Una muy buena entrada y una bonita versión ^^
    Muchos besos!!=^-^=

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    1. Me alegro mucho de que te haya gustado, Furukawa.

      Ya falta menos para terminar con todas las versiones que he encontrado del bello cuento de "La Cenicienta" ;)

      Besos de colores y buen fin de semana, guapi!!!

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  2. NO SABÍA DE ESTAS VERSIONES TAN ORIGINALES QUE ENRIQUECEN NUESTROS CONOCIMIENTOS SOBRE TODO DE CUENTOS TAN CLÁSICOS.
    TE FELICITO POR ENRIQUECER LA CULTURA, POR APORTAR TANTO AL SENTIR Y AL APRENDIZAJE, EL QUE NO DEBEMOS ABANDONAR NUNCA.

    UN BESO GRANDE PRECIOSA AMIGA.
    CARIÑOS MILES.

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    1. Muchas gracias, Luján. Viniendo de tí, esas palabras que me regalas son un gran honor para mí ;)

      Un beso muy grande para mi princesa argentina!

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  3. Que bonito!, la muñeca es la mejor... quien la tuviera jajaja

    Kissus

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  4. Que bonita la historia!, la muñeca es genial... quien la tuviera jaja

    Kissus

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  5. Me encantan los cuentos rusos...aunque me ha hecho mucha gracia como el Zar ha supuesto que Basilisa queria ser su esposa sin consultarselo, pero bueno, son cuentos de hace siglos y no se le puede pedir peras al olmo.

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    1. Tienes razón, muchas veces no hay que buscarle la lógica a los cuentos ;)

      Besitos!!!

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  6. Yo tampoco conocía esta versión rusa, ¡qué maravilla!, muchísmas gracias, siempre me sorprendes y eso es un placer!
    Un abrazo!

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  7. Este relato sigue la constante moral del premio al bien y el castigo al mal. En mi opinión la bruja está desaprovechada como personaje y realmente, mientras leía, pensé que finalmente podía ser la anciana que acogió a Basilisa. En el relato, se dan indicios de la "maldad" de la bruja, pero ninguna prueba irrefutable de que sea malvada. Y desaparece de repente, sin explicar porqué Basilisa se acordó de las manos cuando habló de los jinetes y por qué usa el posesivo mi, para referirse a ellos. ¿Cómo llegaron hasta ellas? ¿Qué simbología utiliza el autor con la figura del jinete para señalar el periodo del día que es?

    Si tengo en cuenta que los cuentos son historias para entretener a los niños, podría pasar por apuntes simples que no deberían de tenerse en cuenta, pero la tradición de los cuentos enseña una lecciones morales o moralizantes que admiten pocas discusiones. Aunque personalmente, no estoy de acuerdo con ellas. Ya que el bueno no es siempre bueno ni el malo es siempre malo. Es un abanico amplio donde se puede experimentar formas de poner en jaque a los que piesan que el bien y el mal son universales y objetivos. Y hay cuentos de hadas que juegan muy bien con esta baza.

    Para terminar, el hecho de que tras su compromiso con el Zar, se empiece a epitetar a Basilisa como la Bella, también es llamativo. La muchacha es hermosa desde que comienza el cuento y sus labores y su bondad, la hacen ser cada día día más bonita (lección moralizante equivocada). ¿Es que cuando fue rica obtuvo el privilegio de llamarse "la bella"? ¿O es que el sobrenombre solo estaba destinado a miembros de la realeza?

    Mis conocimientos sobre el folclore ruso son muy pobres y es, por historias como estas, por las que empiezas a investigar un poco para entender las tendencias de la vida que se cuenta en una historia, a priori, para entretener.

    Lo mío, ya ves que no es normal, hada madrina. Intento sacar punta a todo lo que leo y este bosque me ofrece unas vistas maravillosas para este ejercicio. Muchas gracias por poner al alcance de un clic, la posibilidad de conocer una historia que, de otro modo, y en la vorágine del sin tiempo, posiblemente, no hubiera conocido.

    Un beso enorme, hadita hermosa. Que los vientos propicios y la sonrisa eterna sigan acompañándote en tu día a día.

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    1. jajaja si que veo que le tienes que sacar la punta a todo! Te diré una cosa: a los cuentos no hay que sacarles muchas pegas en la mayoría de las ocasiones. Te lo digo porque desde que estoy leyendo la recopilación de los cuentos de los Hermanos Grimm, he visto muchas cosas que no tienen sentido, que te dejan diciendo: y esto a qué viene ahora? Luego, está aparte, su trasfondo: ese que nos quiere enseñar como debemos comportarnos para ser o no recompensados en la vida. Pero muchos detalles que nos cuentan, a veces, es mejor no darles demasiadas vueltas porque a lo mejor quieren decir algo o tal vez fue una ocurrencia de última hora del autor ;)

      Un beso muy grande, alma de poeta

      Muy feliz semana!!!

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  8. Este relato sigue la constante moral del premio al bien y el castigo al mal. En mi opinión la bruja está desaprovechada como personaje y realmente, mientras leía, pensé que finalmente podía ser la anciana que acogió a Basilisa. En el relato, se dan indicios de la "maldad" de la bruja, pero ninguna prueba irrefutable de que sea malvada. Y desaparece de repente, sin explicar porqué Basilisa se acordó de las manos cuando habló de los jinetes y por qué usa el posesivo mi, para referirse a ellos. ¿Cómo llegaron hasta ellas? ¿Qué simbología utiliza el autor con la figura del jinete para señalar el periodo del día que es?

    Si tengo en cuenta que los cuentos son historias para entretener a los niños, podría pasar por apuntes simples que no deberían de tenerse en cuenta, pero la tradición de los cuentos enseña una lecciones morales o moralizantes que admiten pocas discusiones. Aunque personalmente, no estoy de acuerdo con ellas. Ya que el bueno no es siempre bueno ni el malo es siempre malo. Es un abanico amplio donde se puede experimentar formas de poner en jaque a los que piesan que el bien y el mal son universales y objetivos. Y hay cuentos de hadas que juegan muy bien con esta baza.

    Para terminar, el hecho de que tras su compromiso con el Zar, se empiece a epitetar a Basilisa como la Bella, también es llamativo. La muchacha es hermosa desde que comienza el cuento y sus labores y su bondad, la hacen ser cada día día más bonita (lección moralizante equivocada). ¿Es que cuando fue rica obtuvo el privilegio de llamarse "la bella"? ¿O es que el sobrenombre solo estaba destinado a miembros de la realeza?

    Mis conocimientos sobre el folclore ruso son muy pobres y es, por historias como estas, por las que empiezas a investigar un poco para entender las tendencias de la vida que se cuenta en una historia, a priori, para entretener.

    Lo mío, ya ves que no es normal, hada madrina. Intento sacar punta a todo lo que leo y este bosque me ofrece unas vistas maravillosas para este ejercicio. Muchas gracias por poner al alcance de un clic, la posibilidad de conocer una historia que, de otro modo, y en la vorágine del sin tiempo, posiblemente, no hubiera conocido.

    Un beso enorme, hadita hermosa. Que los vientos propicios y la sonrisa eterna sigan acompañándote en tu día a día.

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  9. Menuda entrada más currada Fawn, las mias se quedan a la altura del betun en comparación ^^
    Ha sido fascinante leer la version rusa, es increible como cambia la historia dependiendo de quien la cuente.
    Y mira que lo he intentado pero el nombre de ´´Basilia´´ me parece horrendo xD

    Besitos enormes para ti cielo, que tengas un dia bien bonito!!

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    1. Muchas gracias, guapa, pero no digas que las tuyas se quedan a la altura del betún porque no es así ;)

      Me alegra mucho de que te haya gustado esta versión. Ya falta menos para subir todas las que he encontrado, a ver que te parecen ^^

      Un beso muy grande y feliz semana, hadita de los libros!

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  10. Woah! gracias por poner el cuento completo, me ha encantado leerlo. ;v;

    Otra vez me reí en el frase de que se los come como a pollos. xD

    Por otra parte, no pude evitar leer la opinión de Juanjo^ (no quise responder ahí, porque... *vergüenza* xD) pero concuerdo en que el personaje de la bruja pudo haber sido más aprovechado. *-* ... la idea de los jinetes me encanta. (L)

    Saludos, Fawn~ :3

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    1. Gracias a tí por pasarte y comentar ;)

      Juanjo suele tener casi siempre razón en todo lo que dice ;)

      Un besazo!!

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  11. ¡Me ha encantado este cuento!
    Yo ya conocía a Baba Yaga. Será todo lo mala que quieran, pero al final siempre acababa ayudando al protagonista de la historia.
    Lo de las manos y los Jinetes se queda en el aire, me gustaría saber más al respecto...
    Gracias por este cuento, Fawn del Mar, y te felicito por teclear tooodo ese textoi.
    ¡Un abrazo!

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  12. En mi versión, el cuento se titulaba Basilisa la Hermosa, y la bruja Baba Yaga vivía en una isba-una babañita con techo de bálago- que estaba construída sobre una gigantesca pata de gallina y podía cambiar de sitio o correr por el bosque. Me figuro que en Rusia habrá muchas versiones del cuento. Como el libro lo perdí, me ha encantado releer aquí la historia, aunque no sea igual a la de mi infancia. Gracias por transcribirlo.

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    1. Muchas gracias a tí por pasarte por mi riconcito, Blanca ;)

      Felices Fiestas :D

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  13. En mi versión, el cuento se titulaba Basilisa la Hermosa, y la bruja Baba Yaga vivía en una isba-una babañita con techo de bálago- que estaba construída sobre una gigantesca pata de gallina y podía cambiar de sitio o correr por el bosque. Me figuro que en Rusia habrá muchas versiones del cuento. Como el libro lo perdí, me ha encantado releer aquí la historia, aunque no sea igual a la de mi infancia. Gracias por transcribirlo.

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